jueves, 22 de julio de 2010

PREDICA SOBRE LA GRACIA (Parte X) - (Julio 17, 2010)

Pastor Isaac Guerreiro

1. Cuando el pueblo enemigo reconoce que Jehová es el que pelea por Su pueblo, por Su gracia Ël permite pacto

Josué 9:1-27 En el tiempo de Josué, Gabaón estaba habitada por los heveos, una de las siete naciones cananeas que debían ser destruidas por el pueblo judío al tomar la tierra prometida. (Deuteronomio 7:1-2). La orden de Dios a Moisés era de que esas siete naciones sean conquistadas porque su tierra sería de Israel. A diferencia de las otras naciones cananeas, los gabaonitas se dieron cuenta de que a pesar de su poderío militar y la grandeza de su ciudad, cualquier resistencia al pueblo judío sería inútil ya que Jehová era el que peleaba por Israel. El pueblo judío tenía todas las de ganar porque entró a la tierra prometida con hambre de conquista, obedeciendo a Dios y con Su protección. Por ello, después de la destrucción de Jericó y Hai, los gabaonitas en representación de su ciudad y las ciudades heveas de Catira, Beerot y Quiriat-jearim, se fingieron embajadores que vinieron a Josué al campamento en Gigal y le pidieron hacer alianza.

Ninguna de las otras seis naciones cananeas quiso hacer pacto o alianza con Israel y, más bien, los enfrentaron. Para lograr la alianza, los gabaonitas usaron de astucia. Ellos sabían que si les decían a los israelitas quiénes realmente eran, los israelitas no habrían querido hacer ningún pacto con ellos. Los líderes gabaonitas pensaron en proteger su vida y la de sus siguientes generaciones antes que su orgullo. Los falsos embajadores tomaron sacos viejos sobre sus asnos, cueros viejos de vino, rotos y remendados, y zapatos viejos y recosidos, con vestidos viejos sobre sí; y todo el pan que traían para el camino era seco y mohoso.

Presentándose como llegados de una tierra muy lejana, ellos reconocieron que fue la mano de Jehová la que obró en todo lo que sucedió en Egipto, así como lo que sucedió a los reyes amorreos Sehón y Og. Pero, astutamente no mencionaron la toma de Jericó y Hai, ya que como venían de una “tierra muy lejana” no podían haber sabido lo que aconteció en esas dos ciudades. Como una mentira necesita de otra y otra para ser creíble, los gabaonitas engañaron a Josué con una serie de mentiras. Los hombres de Israel no consultaron a Jehová y Josué hizo paz con los gabaonitas y celebró con ellos alianza concediéndoles la vida. La alianza también fue jurada por los príncipes de la congregación de Israel. En lo natural, la alianza pareció buena a Josué y los príncipes. En lo espiritual, no consultaron a Dios.

Gabaón estaba ubicada a diez kilómetros de Gilgal, el lugar donde Josué estaba preparando a su ejército para la conquista de los pueblos cananeos. Pasados tres días, los israelitas oyeron que los gabaonitas eran sus vecinos, a los que debían haber conquistado por mandato de Jehová. Los hijos de Israel fueron a sus ciudades y no los mataron, por razón del pacto. Josué y los príncipes mantuvieron su palabra.

2. Ante la humillación y arrepentimiento, por Su gracia una maldición se convierte en bendición

Cuando Josué confrontó a las gabaonitas sobre su engaño, los maldijo y les dijo que no dejaría de haber siervos entre ellos para cortar la leña y sacar el agua para la Casa de Jehová. Los gabaonitas reconocieron nuevamente que Jehová era el que peleaba por Israel. Le dijeron a Josué que al reconocer todo lo que Jehová hizo por los israelitas, habían temido en gran manera por sus vidas. Los gabaonitas se pusieron a merced de Josué y le dijeron: “henos aquí en tu mano; lo que te pareciere bueno y recto hacer de nosotros, hazlo”.

Así, los gabaonitas fueron constituidos en leñadores y aguadores para la congregación y para el tabernáculo de Jehová. Esto nos muestra que una nación pagana como la de los gabaonitas se puso a merced del pueblo judío, reconoció el poder de Jehová y se rindió ante Josué. Esto significa que ellos aceptaron sujetarse a las leyes de Israel, reconociendo que ya no podían hacer más las cosas a su manera, sino como un israelita. Tenían que servir a Dios y aceptar Sus mandamientos para sus vidas. Sin embargo, la condenación que fue dada a los gabaonitas se volvió libertad en Dios en el servicio dentro de la Casa de Jehová. Lo que podía ser una maldición, se convirtió en una bendición.

Salmo 84:4 La forma en que el pacto fue hecho entre el pueblo de Israel y Gabaón fue basado en el engaño, por lo cuál Josué maldijo a los gabaonitas. Pero, Dios transformó esa maldición en bendición. “Bienaventurados los que habitan en tu Casa; perpetuamente te alabarán”. Esta bendición llegó a los gabaonitas. La forma en que muchos de nosotros hemos llegado a Cristo ha sido en varios casos basada en una “carnada”: “si Tú me sanas, entonces me congregaré; o si Tú me das, estoy dispuesto; o si Tú me provees, yo pagaré los diezmos”. Como Jacob (Génesis 28:20-22), venimos al Señor negociando con Ël. A veces vemos a personas quebrantadas, pero no sabemos lo que hay en su corazón. Cuántas otras veces, una persona viene al Señor, recibe la bendición y regresa al mundo. ¿Qué tenía en su corazón? No sabemos, pero lo que sí conocemos es que Dios nos recibe en todos los casos.

Gabaón como nación no estuvo en la posición de decir “tendremos un príncipe sentado con los príncipes de Israel”. Los gabaonitas llegaron a la posición más baja como siervos de por vida para traer agua y leña para la congregación y el tabernáculo. Al servir en el tabernáculo, todos los días estaban en la presencia de Dios, veían a los levitas, escuchaban la oración, y veían a las personas llegar cargadas con sus culpas y salir con las cargas liberadas. ¡Era una bendición para los gabaonitas el servir en el tabernáculo!

3. Si el pacto está en armonía con Su voluntad, Ël pelea por nosotros

Josué 10:1-14 A pesar de que los gabaonitas engañaron a Josué y la congregación para lograr la alianza, ésta evidentemente estuvo en armonía con la voluntad de Jehová (Josué 11:19). Prueba de esto es que cuando los cinco reyes amorreos quisieron destruir a los gabaonitas, Jehová bendijo la ayuda y defensa que los israelitas les dieron. Jehová arrojó desde el cielo grandes piedras sobre los amorreos. Fueron más lo que murieron por las piedras del granizo, que los que los hijos de Israel mataron a espada. Jehová actuó a favor de los gabaonitas porque éstos tuvieron fe en que Jehová cumple su palabra, así como también tuvieron temor del Dios de Israel.

4. ¿Qué ocurrió en Gabaón?

Cuando Josué combate a los cinco reyes amorreos que querían levantarse contra Gabaón, honrando el pacto entre judíos y gabaonitas, Jehová permite la victoria de los judíos e incluso extiende milagrosamente el día hasta que los judíos se vengan de sus enemigos. Josué oró para que Jehová detenga el sol hasta que la victoria sea dada (Josué 10:12-13).

Gabaón fue uno de los territorios de Benjamín asignado a los levitas. Cuando David estaba huyendo de Saúl, fue a Nob que estaba ubicada en Gabaón. Allá estaban los sacerdotes que consultaron por él a Jehová, le dieron provisiones y también la espada de Goliat. Doeg, edomita, que era el principal de los siervos de Saúl, le cuenta a Saúl que había visto a David con los sacerdotes de Nob, quienes ayudaron al fugitivo. Saúl decide por la destrucción de los gabaonitas, sin considerar el pacto que existía entre los judíos y éstos. Este pacto fue tomado en poco por Saúl, quién además no valoró el servicio que los gabaonitas venían prestando por siglos a la Casa de Dios.

Saúl mandó llamar al sacerdote principal de Nob y lo sentenció a muerte. El rey pidió a la gente de su guardia que maten a los sacerdotes de Jehová. Como ninguno de ellos quiso matarlos, Saúl le pidió a Doeg que arremeta contra los sacerdotes. Así, Doeg mató a ochenta y cinco varones que vestían efod de lino. Airado, Saúl entra a Nob, ciudad de los sacerdotes, y hace matar a filo de espada a hombres como a mujeres, niños hasta de pecho y todos los animales (1 Samuel 22:6-19).

Los gabaonitas esperan pacientemente a que Jehová revele la injusticia. Esto sucede durante el reino de David en que hubo hambre por tres años consecutivos. David consulta a Jehová, y Ël le dice: “Es por causa de Saúl, y por aquella casa de sangre, por cuanto mató a los gabaonitas”. David pregunta a los gabaonitas qué satisfacción podía darles. Ellos pidieron siete hijos de Saúl para apaciguar la ira de Dios. Como David había hecho pacto con Jonatán, hijo de Saúl, David perdona a Mefi-boset hijo de Jonatán. Los gabaonitas ahorcan a los hijos de Saúl y Dios levanta el juicio sobre la nación de Israel (2 Samuel 21:1-9). Así, Dios honró el pacto de protección que había sido hecho por Josué y los príncipes de Israel con los gabaonitas, una nación que en otro tiempo fue pagana pero que tuvo temor de Dios y buscó hacer pacto y estar al lado de Su pueblo.

Posteriormente, David protege a los gabaonitas. Uno de los valientes de David, Ismaías, era gabaonita (1 Crónicas 12:4). En el tiempo de David, los gabaonitas comienzan a mezclarse, como un injerto que es hecho con el pueblo de Israel, como dice en Romanos 11:17b ¨…y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo¨. De ahí en adelante, dejan de ser llamados gabaonitas, y se llaman netineos, que quiere decir siervos de la Casa de Dios, siervos por amor.

En Gabaón, David tuvo una victoria tremenda contra los filisteos (1 Crónicas 14:16). Durante el reinado de David, el tabernáculo fue movido a Gabaón (1 Crónicas 16:39). Era la parte más alta y en ese lugar alto el tabernáculo fue edificado hasta que el templo fue construido en Jerusalén por Salomón. Fue en Gabaón que David ofrecía sacrificios, y después también Salomón al comienzo de su reinado. En Gabaón Jehová se aparece a Salomón en sueños, y le dice que pida lo que quiera que Ël se lo daría (1 Reyes 3:4-5).

Por cientos de años, los netineos se dedicaron a servir a Dios. Después de la deportación de los judíos a Babilonia, los sirvientes del templo (netineos) regresaron de Babilonia con el remanente para reconstruir el templo (Esdras 2:43, 2:58, 2:70, 7:7, y 8:20) unos 600 siervos de la Casa de Dios (netineos). Posteriormente, participaron de la reconstrucción de los muros de Jerusalén (Nehemías 3:7, 3:26 y v.31). En el tiempo de Esdras, faltaron levitas y para suplir en el templo, sirvieron como levitas algunos netineos (Esdras 8:15-20).

Pasó el tiempo, y los gabaonitas o netineos pasaron a ser como el pueblo de Dios, pero aún siervos. En los tiempos de Jesús cambiaron muchas cosas. Todos los que no eran hijos legítimos de los judíos eran llamados ¨mamzerim¨ según se sabe por los comentarios en la mishna. Aquellos hijos de los que no eran judíos y no se sabía quién era el padre, eran bajados a la categoría de netineos para ser siervos. Jesús estaba en la categoría de mamzerim porque lo miraban y se preguntaban por su padre, dudando de su legitimidad conforme vemos en (Juan 8:41). Jesús es el mejor ejemplo de un netineo, por que el descendió a la categoría de esclavo o siervo por amor.

5. De nación pagana a nación injertada de netineos que tienen propósito y que son uno con el pueblo de Dios

La historia de Gabaón es la de una nación injertada. Llegó a hacer pacto con el pueblo de Dios de una forma extraña, pero en el transcurso del tiempo Dios la transformó en una nación de netineos o siervos por amor. Esto es así como en la geneaología de Jesús, en que hay cuatro mujeres (Tamar, Rahab, Rut y Betsabé) que eran pecadoras o extranjeras y que Dios las redime y las hace parte de su pueblo.

¿Cómo llegaron los gaboanitas cuando buscaron hacer alianza con Josué? Llegaron con sacos viejos sobre sus asnos, con cueros viejos de vino, rotos y remendados, zapatos viejos y recosidos, con vestidos viejos, y todo el pan que traían era seco y mohoso. ¿Cómo has llegado a la Casa de Dios? ¿Acaso no hemos llegado con el vino viejo, con el odre viejo y seco, con la comida vieja (revelación pasada llena de moho contaminándonos), con nuestros vestidos rotos? ¿Acaso nuestra justicia no es trapo de inmundicia? Así llegamos todos a la Casa de Dios.

La forma de evitar el juicio y condenación es salir al encuentro del juez. El juez era Israel que venia a juzgar a los gabaonitas. Ellos salieron a su encuentro con humildad y arrepentimiento, buscando la paz con Dios, vestidos con harapos. De la misma manera, nosotros debemos acercarnos a Dios con humildad y arrepentimiento, vestidos con los harapos de nuestra miseria, sin ostentación y orando: “Señor, se propicio a mi que soy pecador/a.
Hagámonos siervos de nuestro Josué, el Señor Jesús y hagamos pacto con El y con los suyos, para que tengamos vida.
El juicio está próximo. La nación estará frente al juez. Sólo una cosa apaciguará al juez: si la nación se humilla, busca la misericordia y gracia de Dios, y hace un pacto como hicieron los gabaonitas.

Los gabaonitas eran leñadores y aguateros. Posteriormente, después de cientos de años de servicio, se llamaron netineos en la Casa del Señor. Los netineos son un pueblo que no era, pero que ahora es. El agua siempre ha de fluir. Dios necesita de aquellos que llevan agua que es símbolo de la palabra. Cuántas veces vemos personas cargadas que al compartirles la palabra, son lavadas por ésta. Cuando ministramos, es como lavar los pies de la persona. Estamos haciendo el servicio de los netineos, sirviendo al cuerpo en la casa de Dios.

Salomón dijo: “sin leña, el fuego se apaga”. Necesita haber leña para que el fuego este prendido. “El fuego arderá continuamente sobre el altar y no se apagará”. ¿Quién pone la leña? ¿Quién trae la leña para que el fuego en el altar de Jehová arda continuamente? Si no hay netineos, si no hay siervos que busquen la leña, el fuego no arderá.

Dios ha injertado en Israel una nación como los gabaonitas porque hay un propósito. Eran los siervos en la Casa de Dios que hacían el trabajo más bajo. No eran los sumos sacerdotes, pero en ningún momento se sublevaron, y nunca intentaron separarse del pueblo de Dios para aliarse con otro rey. Fueron fieles al pacto, al juramento y aún a la maldición que Josué les impuso. Se convirtieron en netineos, se mezclaron y pasaron a ser uno con el pueblo de Dios.

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